Discapacitat

Cambiar la mirada. Y después, cambiar las cosas.

Durante muchos años la discapacidad se ha explicado poniendo el foco en aquello que una persona no podía hacer.

Yo he aprendido a mirarla de otra manera.

No porque las dificultades no existan. Existen. Como existen las necesidades de apoyo, las adaptaciones y, en determinados momentos de la vida, la necesidad de acompañamiento.

Pero una persona no puede quedar definida por todo aquello para lo que necesita ayuda.

Antes que una discapacidad hay una persona.

Una persona con deseos, capacidades, derechos, preferencias, contradicciones, sueños y una manera propia de entender cómo quiere vivir su vida.

Los mismos derechos no siempre significan los mismos apoyos

Durante años hemos hablado de integración.

Después empezamos a hablar de inclusión.

Creo que ahora debemos dar un paso más y hablar, sencillamente, de ciudadanía.

Porque estudiar, trabajar, tener amigos, practicar deporte, enamorarse, desplazarse por la ciudad, participar, decidir dónde vivir o construir un proyecto de vida no deberían ser objetivos extraordinarios para una persona con discapacidad.

Son las cosas que forman parte de la vida.

La igualdad no consiste en tratar a todo el mundo exactamente de la misma manera.

Consiste en garantizar que cada persona disponga de los apoyos y ajustes que necesita para poder ejercer los mismos derechos.

De acompañar a transformar

Mi relación con la discapacidad comenzó desde una experiencia personal.

Pero muy pronto comprendí que muchas de las dificultades que encontraba una persona no podían resolverse únicamente acompañándola.

Porque a veces el problema estaba en el colegio.

O en el transporte.

O en una empresa que nunca se había planteado contratar a una persona con discapacidad intelectual.

O en una actividad que había sido diseñada pensando que todas las personas funcionan de la misma manera.

O en una administración organizada en departamentos que obliga a las personas a adaptarse al sistema, en lugar de conseguir que el sistema sea capaz de responder a la diversidad de las personas.

Por eso, con los años, mi manera de trabajar también ha cambiado.

Sigo creyendo profundamente en acompañar a cada persona.

Pero también creo que tenemos la obligación de transformar aquello que hace necesario ese acompañamiento.

Poner la discapacidad en el centro

No significa crear políticas especiales para unas pocas personas.

Significa recordar que las personas con discapacidad forman parte de la ciudadanía cuando diseñamos cualquier política pública.

Cuando hablamos de vivienda.

De empleo.

De educación.

De transporte.

De cultura.

De deporte.

De urbanismo.

De ocio.

De participación.

La discapacidad no puede ser únicamente responsabilidad de Servicios Sociales.

Tiene que estar presente allí donde se toman decisiones sobre la vida de las personas.

Del discurso a la vida real

Durante estos años he tenido la oportunidad de participar en asociaciones, proyectos, plataformas y espacios políticos desde los que intentamos avanzar en esa dirección.

Algunos trabajan directamente con las personas.

Otros acompañan a las familias.

Otros reivindican derechos.

Otros intentan transformar las políticas públicas.

Son espacios diferentes, pero para mí forman parte de un mismo camino.

Porque cambiar la mirada es importante.

Pero después hay que cambiar las cosas.